

LA OLA
La ola: Cuando manejás un auto de rally, aunque no lo veas, viajás siempre sobre una ola. No es una ola de agua: es una ola de energía cinética, la energía que trae consigo tu velocidad. Esta ola es tu aliada más poderosa, pero solo si sabés cómo usarla.
Cuando vas rápido, la ola es grande y ancha. Se mueve con vos; cuanto más rápido vas, más energía acumula y más metros recorre cada segundo. Esto te da algo que no suele venir de regalo en el rally: tiempo. Tiempo para gestionar, para pensar, para acomodar el auto delante de la ola, dejar que te empuje en la frenada, acompañarte en la rotación y proyectarte hacia la curva siguiente.
Cuando soltás el freno en el momento justo, es la ola la que termina de girar el auto por vos. No necesitás violentarlo con la dirección; es la energía almacenada en la velocidad la que se convierte en rotación. Soltar en el instante adecuado es dejar que la ola se derrame sobre el auto y lo haga girar.
Pero cuando vas despacio, la ola cambia. Se achica, se afila. Es como una ola corta, puntiaguda, con menos energía acumulada. Recorrés pocos metros por segundo y, entonces, cada metro importa, cada segundo importa. El tiempo se vuelve breve. No podés regalar nada.
En lo lento, si frenas cinco metros antes, te caes de la ola. El auto se queda atrás, pierde el impulso natural, y vos, como piloto, dejás de aprovechar la energía a tu favor. Ya no te empuja: tenés que ir a buscarla, perseguirla, remar contra la corriente. Y ahí, todo se vuelve forzado; el auto ya no rota ni usando el freno de mano: vas demasiado lento.




En lo lento, cada instante cuenta. Hay que llegar delante de la ola, frenar preciso, soltar justo y permitir que el auto rote sin esfuerzo, como si la ola, aunque pequeña, aún pudiera darte ese último empujón hacia el vértice de la curva.


La velocidad cambia todo. A mayor velocidad, la ola es más generosa: podés hasta permitirte levantar un poco el pie para acomodarte mejor, sabiendo que la energía sobra y que, si hacés bien tu trabajo, hasta podés alcanzar una velocidad final más alta después de la curva. En lo lento, en cambio, no hay margen. No podés regalar ni medio metro, ni medio segundo.
«No siempre vas a ver la ola. A veces solo la vas a intuir, como una corriente debajo de la superficie. Pero si aprendés a sentirla y a ponerte delante de ella, el auto va a dejar de ser un objeto que empujás: va a empezar a moverse como si la tierra misma lo llevara. Y en ese momento, vas a saber que no estás manejando contra la energía. Estás manejando con ella.»






